¿Alguna vez te has quedado mirando una pieza entre los dedos y te has preguntado quién empezó todo esto? ¿Quién fue la primera persona que cogió una imagen perfectamente bonita y la cortó en trocitos... a propósito?
Nosotros también nos lo preguntamos, y la respuesta resultó ser mucho más encantadora de lo que esperábamos. En ella hay un joven cartógrafo londinense, los hijos de un rey, la señora que escribió La Bella y la Bestia, un guiño en una novela de Jane Austen, una sierra que se llevó una fama que no merecía y todo un país que se volvió loco por los puzzles en sus años más difíciles.
Así que sírvete una taza de té o de café y vamos a montar esta historia pieza a pieza. (¡Al final te espera un puzzle gratis!)
Todo empezó con una lección de geografía
Hacia 1760, en un pequeño taller cerca de Covent Garden, en Londres, un joven grabador llamado John Spilsbury tuvo una idea brillante. Pegó uno de sus mapas impresos sobre una fina tabla de caoba y, con una sierra de marquetería, lo cortó siguiendo las fronteras entre los países. Así los niños podían desmontar Europa y volver a montarla, aprendiendo con sus propias manos dónde termina Francia y dónde empieza España.
Llamó a su invento "mapa diseccionado", y se le notaba orgulloso. En un directorio comercial de Londres de 1763 se anunciaba como "grabador y diseccionador de mapas en madera, para facilitar la enseñanza de la geografía". No es el título profesional más pegadizo del mundo, pero seguramente fue la primera tarjeta de visita de un fabricante de puzzles de la historia.
Su puzzle más antiguo que se conserva, un mapa de Europa de 1766, se guarda hoy en la British Library. Llegó a ofrecer mapas del Mundo, Europa, Asia, África, América, Inglaterra y Gales, Irlanda y Escocia.
Puzzles dignos de un rey (literalmente)
Aquellos primeros puzzles no eran nada baratos: mapa coloreado a mano, caoba maciza y cada pieza cortada a mano. Así que sus primeros aficionados eran gente muy distinguida. Lady Charlotte Finch, la institutriz real, usaba mapas diseccionados para enseñar geografía a los hijos del rey Jorge III y la reina Carlota, y los guardaba en un armarito de madera hecho especialmente para ellos. Algunos de los puzzles de aquel armarito pueden verse hoy en el Victoria and Albert Museum de Londres.
Y aquí llega la primera sorpresa. Los historiadores, rebuscando en cartas y documentos antiguos, han descubierto que los mapas-puzzle ya existían antes de que Spilsbury abriera su tienda. Ya en 1744, Johann Caspar Wettstein, capellán y bibliotecario de la casa real, encargó mapas diseccionados a partir de sus propios dibujos, dejando el grabado y el delicado recorte en manos de artesanos y artesanas. Eran para los niños de la familia real, entre ellos el que un día sería... el rey Jorge III.
Así que es muy posible que el rey jugara con puzzles de niño y, años después, viera a sus propios hijos hacer lo mismo.
La señora que escribió La Bella y la Bestia
Y aquí llega la segunda sorpresa, la que más nos ha gustado. La primera persona de la que sabemos que vendió mapas diseccionados quizá no fue Spilsbury, sino una institutriz francesa que vivía en Inglaterra: Jeanne-Marie Leprince de Beaumont.
Si el nombre no te suena, su cuento más famoso seguro que sí. En 1756 publicó la versión de La Bella y la Bestia de la que descienden todas las adaptaciones posteriores, películas incluidas. Y mientras enseñaba en Inglaterra, según descubrió la investigadora Jill Shefrin, también vendía mapas de madera cortados en piezas, varios años antes que Spilsbury.
Las pruebas están en las cartas de la época. En diciembre de 1759, Mary Delany le escribía a su hermana que ojalá supiera cómo conseguir un juego de los mapas de madera de Madame Beaumont. En la misma carta calculaba que los mapas de Inglaterra, Escocia e Irlanda juntos costaban unas dos guineas, el sueldo de varias semanas de un trabajador corriente. Y en 1762, Caroline Fox contaba que su hijo aprendía geografía con los mapas de madera de Beaumont.
¿Y por qué se lleva Spilsbury el mérito? Porque fue él quien convirtió la idea en un negocio, la anunció y nos dejó puzzles que todavía podemos tocar hoy. Pero resulta bonito pensar que la mujer que nos enseñó a mirar más allá del feo rostro de la Bestia pudo ser también la primera en vendernos una imagen hecha pedazos.
Un guiño en una novela de Jane Austen
A finales del siglo XVIII había en Londres casi una veintena de fabricantes de puzzles, y los mapas diseccionados eran algo habitual en las aulas de las familias acomodadas. Tan habitual que Jane Austen coló uno en Mansfield Park (1814).
La joven Fanny Price llega a vivir con sus parientes ricos, y su prima corre a contárselo a su madre entre risitas: "Querida mamá, fíjate, mi prima no sabe montar el mapa de Europa". ¡Imagínate que se burlen de ti por no ser buena haciendo puzzles! Nos gusta pensar que a Fanny, con un poco de práctica en BrainsBreaker, se le habría dado estupendamente.
¿Por qué en inglés se llaman "jigsaw"?
En inglés, al rompecabezas se le llama jigsaw puzzle, por un tipo de sierra. Pero durante más de cien años nadie los llamó así: eran simplemente "disecciones" o "puzzles diseccionados".
Hacia 1880, los fabricantes empezaron a cortar las piezas con sierras de pedal, y el nombre "jigsaw" se les fue quedando pegado... aunque las herramientas que usaban eran sobre todo sierras de marquetería y de calar, no la sierra que hoy llamamos jigsaw. La expresión completa "jigsaw puzzle" no aparece impresa hasta los primeros años del siglo XX. ¡Así que en inglés nuestra afición lleva el nombre de una herramienta que casi nunca tocó un puzzle!
El nombre antiguo, eso sí, sobrevive de una forma muy simpática: en inglés, a los amantes de los rompecabezas se les llama dissectologists, algo así como "disectólogos". Ya sabes qué poner la próxima vez que te pregunten por tus aficiones.
La primera gran fiebre del puzzle: sin imagen y sin piedad
Hacia 1900, los adultos descubrieron que los puzzles no eran solo cosa de niños, y en 1908 Estados Unidos vivía una auténtica fiebre rompecabezas. En mayo de ese año, un titular del New York Times advertía de que el nuevo puzzle amenazaba la cordura de la ciudad. Entre sus aficionados famosos, según se cuenta, estaban el presidente Theodore Roosevelt y el banquero J.P. Morgan.
Pero aquellos puzzles eran duros. La caja no traía imagen, solo un título, así que no sabías qué estabas montando hasta colocar las últimas piezas. Las piezas se cortaban a menudo justo por las líneas de color, así que no había piezas "de transición" que te dijeran dónde se junta el tejado con el cielo. Y muchas ni siquiera encajaban entre sí, de modo que un estornudo o un golpe en la mesa podía deshacer el trabajo de toda una tarde. ¡Nos quitamos el sombrero ante aquellos valientes!
Luego llegó Parker Brothers (sí, la famosa empresa de juegos de mesa) con un detalle encantador en sus puzzles "Pastime": algunas piezas tenían forma de animales, letras y pequeñas figuras, y los coleccionistas todavía las llaman "whimsies", algo así como "caprichos". Tuvieron tanto éxito que en 1909 la empresa dedicó durante un tiempo toda la fábrica a los puzzles. Buena parte de aquel delicado corte lo hacían mujeres con sierras de calar, pieza a pieza.
Diez millones de puzzles a la semana
El capítulo más sorprendente llegó durante la Gran Depresión.
Los puzzles de cartón troquelados a máquina existían desde hacía años, pero a principios de los años treinta se convirtieron justo en lo que la gente necesitaba: baratos, absorbentes y una pequeña victoria en una época en la que las grandes escaseaban. En otoño de 1932 apareció el "Jig of the Week", el puzzle de la semana: uno nuevo en los quioscos cada miércoles, por 25 centavos. A principios de 1933, los estadounidenses compraban unos diez millones de rompecabezas cada semana.
Quizá hayas oído a tus padres o abuelos contar historias de aquellos tiempos difíciles, de familias reunidas alrededor de la mesa de la cocina bajo una única lámpara. Reconforta pensar que, cuando las cosas iban mal, la gente buscaba el mismo placer sencillo que disfrutamos hoy.
De la caoba a tu pantalla
Dos siglos y medio después, el rompecabezas ha viajado de la caoba al cartón y del cartón a la pantalla del ordenador. Hoy incluso se compite: cada año, aficionados de todo el mundo se reúnen aquí, en España, en Valladolid, para el Campeonato Mundial de Puzzles, y mientras escribimos esto el próximo empieza el 16 de septiembre de 2026. Pero el corazón sigue siendo el mismo que en el taller de Spilsbury: una imagen rota en pedazos y la tranquila alegría de volver a completarla.
El pack Celebración
Por cierto, si este verano estuviste lejos de la pantalla, quizá te perdiste nuestro último pack, Celebración, Alegría y Movimiento, cuarenta fotografías de celebración, alegría y movimiento.
Puzzle regalo gratis: Calm Moment
Y para celebrar este pequeño viaje en el tiempo, hemos preparado un rompecabezas gratis que te lleva de viaje con nosotros, porque viene con dos funciones de BrainsBreaker que son ecos de esta misma historia:
- Es un puzzle sorpresa, así que lo montarás al estilo de 1908, sin ver la imagen. ¿Te atreves?
- Y empieza en Blanco y Negro, así que los colores van volviendo a medida que unes las piezas.
No lo hemos hecho tan difícil como aquellos puzzles de 1908: las piezas no rotan y tienen la forma fácil "Gotas", para que disfrutes del descubrimiento sin demasiadas fatigas.
¡Felices puzzles, queridos disectólogos!